Realizó una investigación tan exhaustiva como, seguramente, placentera. En su libro «Bodegones de Buenos Aires», que Editorial Planeta acaba de lanzar, releva la historia y las peculiaridades de 30 de estos restoranes. Halló que casi todos comenzaron siendo almacenes que tenía un salón anexo donde se servían bebidas. El alcohol, se sabe, causa hambre. Los almaceneros comenzaron a servir sus primeras comidas a pedido de sus clientes, con tanto éxito que muchos terminaron achicando el almacén para darle más lugar a lo que terminaría convirtiéndose en un restorán popular.
Italianos, españoles y, en menor medida, alemanes, le imprimieron su sello a lo que terminó siendo la gastronomía porteña: porciones generosas, picadas, buenas pastas caseras, milanesas y carnes. Además, forjaron los rasgos del bodegón. Sorba los define con maestría: son lugares con historia, informales y cómodos, de precios accesibles, donde se suelen compartir los generosos platos de comida casera y tradicional que se presentan en menúes extensos.
Sorba logró un libro hermoso, rico en detalles e historias. Ade- más, cuenta con un mapa y las direcciones, teléfonos y horarios de los bodegones que investigó.
Las bellas fotografías de Javier Picerno y Gustavo Gilabert hacen de este libro un objeto muy difícil de resistir.
Grazzie, Pietro.




